¿Cómo valoramos una empresa?

Hemos visto que una cuenta de resultados muestra el resultado de la actividad de la empresa en un periodo (un año), pero por sí mismo no permite valorar una empresa. Además, está condicionado por operaciones que no implican la generación de caja, como amortizaciones, depreciaciones, provisiones o periodificaciones.

Hemos visto que un balance de situación muestra una fotografía del patrimonio de la empresa, pero está limitado por los criterios de valoración, generalmente coste histórico, que muestra los activos por lo que valieron en su día, y no por lo que valen.

Hemos visto el estado de flujos de caja, donde se muestra el dinero efectivamente generado en un periodo de tiempo, pero me da la situación a día de hoy, sin tener en cuenta lo que pueda pasar en el futuro.

Entonces, ¿cómo puedo valorar una empresa?

Qué valoramos

Cuando estamos valorando una empresa debemos de tener en cuenta que valoramos no sólo lo que tiene, sino lo que puede conseguir en el futuro. Si pudiéramos viajar en el tiempo a, por ejemplo, el año 2000, ¿en cuánto valoraríamos Google? Con lo que sabemos, la oportunidad de inversión sería fabulosa. El problema es que no podemos viajar en el tiempo.

Prever el futuro

Tenemos que tratar de determinar el futuro de la empresa que valoramos, y esto lo hacemos con unas proyecciones financieras compuestas de balance de situación, cuenta de resultados y estado de flujo de efectivo.

Se trata de estimar qué va a pasar, para ello, evidentemente, hay que fijar unas hipótesis razonables sobre tanto la generación de ingresos de la empresa como de los costes que llevaría acarreados. Sobre las necesidades de inversión que precisaría y sobre qué rendimiento obtendríamos.

Bola de cristal

En esencia parece que estamos cogiendo una bola de cristal, y en cierto modo lo estamos, ahora bien, es algo un tanto más controlado. No es tanto adivinar el futuro como plantear un escenario creíble, y remarco lo de creíble, en el que identificamos que, con una determinada inversión, a través de un funnel de ventas definido y con unos determinados medios productivos (personal, maquinaria, etc.) podemos llegar a un determinado volumen de ventas.

Y esto es algo más que tratar de adivinar el futuro. Implica marcarse unos objetivos y medir lo que necesitamos para alcanzarlos. Implica también ir midiendo lo que vamos haciendo y observando si se está alineado con las previsiones o si no, y en tal caso tomar medidas correctoras. Es mucho más que adivinar el futuro

Proyecciones financieras

Todos estos objetivos los cuantificamos a través de unas proyecciones financieras mediante la construcción de un balance, una cuenta de resultados y un cashflow estimado de lo que conseguiremos en los próximos años (habitualmente entre 3 y 5 años).

Completaremos este ejercicio cuantificando las necesidades de inversión para alcanzar esos objetivos y las necesidades de financiación que necesitaremos.

Y ¿qué obtenemos? Pues una buena ensalada de números, entre los que desatacaría:

  • La estimación de facturación de los próximos meses y años.
  • Los flujos de caja de los próximos meses y años.

Descuento de flujos de efectivo

El resultado de esas proyecciones financieras, nos da unos flujos de caja estimados de la actividad, y lo que se trata de calcular es cuánto valen a fecha de hoy esos flujos de caja, es decir, descontamos, a una determinada tasa de descuento.

Y eso qué quiere decir. Pues de forma simple es que una vez determinada la caja que creo vamos a obtener de esta empresa en los próximos años, calcularemos lo que vale en función de la rentabilidad que queremos tener, es decir, si quiero obtener una rentabilidad del 20%, por ejemplo, calcularemos el valor de dichos flujos de caja a fecha de hoy para conseguir esa rentabilidad del 20%.

La tasa de descuento

Mucho se ha hablado y escrito sobre cuál es la tasa de descuento a aplicar. La única forma de obtenerla es comparando. Medimos cuál es la tasa de rentabilidad que se obtiene de empresas similares en sectores similares y a partir de ahí podremos empezar a determinarla. Hay que cuantificar también el riesgo incurrido. No es lo mismo invertir en una empresa ya establecida que en un startup de nueva creación. Todo ello afecta a la tasa de descuento a aplicar.

¿Es el descuento de flujos de efectivo una buena forma para valorar una empresa?

Esta pregunta no puede tener una respuesta positiva, pero hasta que se “inventen” los viajes en el tiempo es la única forma de valorarlas. Todo lo que se sale de esta vía de valoración se parece más a tratar buscar el futuro en los posos de una taza de café.

En esencia la valoración de una empresa tiene muchas limitaciones en tanto que estamos tratando de adivinar lo que va a pasar en el futuro. Lo tratamos de hacer de una forma controlada, midiendo qué queremos hacer cómo lo queremos hacer y qué vamos a necesitar para conseguirlo. La mayor o menor credibilidad y rigurosidad en estas hipótesis nos dará un mejor análisis y, por tanto, una mejor valoración.

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